La semana pasada, aterrizaba en Barajas, para ir derechito a la cárcel de Segovia, un delincuente común que, a la sazón, es asesor (pagado con nuestros impuestos, claro) del Ajuntamiento de Fachadriz y máximo representante del frente de juventudes del partido en el gobierno. Su delito, matar a dos cubanos a los que, para más recochineo, había ido (ilegalmente) a apoyar, económica y logísticamente. Al llegar, en lugar de ser
- Ha sido alabado por parte de la plana mayor de su partido. Incluso su retirada madrina y protectora se permitió el lujo, no sólo de alabar al delincuente, sino de demostrar su ignorancia de la ley de su país (una cosa más o menos, who cares?) proclamando que su conducta, un doble homicidio negligente de libro, ¡no era delito! Hace falta
ser gilipollastener poca vergüenza. - A la espera del indulto que, sin duda, le está reservado, el Ajuntamiento le mantendrá en su cargo, lo que ayudará a que reciba el tercer grado y salga a la calle en breve. Pero tranquilos, que haya un delincuente en la sede municipal no debe preocupar a nadie, su trabajo es sólo cobrar, no hace nada. Al menos no podrá reincidir, ya que tiene el permiso de conducir retirado por acumular casi una cincuentena de multas de tráfico en 3 años. Y para poner la cifra en valor, aunque conozco a auténticos cafres al volante, ninguno acumula más de diez sanciones, ni siquiera en el triple de tiempo.
Y hablando de multas de tráfico, parece que el menestro de Interior ha tenido la genial idea de... ¡tachán!... disminuir la velocidad en carreteras convencionales. La excusa, tratar de reducir ese elevado porcentaje de muertes por el tráfico que se produce en ese tipo de vías. Como la mayoría de medidas que está tomando este des-gobierno, no sólo no tiene sentido, sino que puede provocar exactamente lo contrario. Y ésto se debe a varios factores que, aparentemente, se han ignorado completamente:
- Lo que produce la mayoría de los muertos en las carreteras secundarias no es el exceso de velocidad, sino el déficit de capacidad del conductor. En efecto, la mayoría de incidentes que terminan en muertes se producen por maniobras inadecuadas (adelantamientos erróneos en su mayoría). Reducir la velocidad máxima de 90 a (pongamos por caso) 80 km/h, sólo va a hacer que el choque frontal, en lugar de hacerse a una velocidad relativa de 180 km/h se produzca a 160. Para la parca no será ninguna diferencia, seguirá poniéndose las botas.
- A lo anterior habrá que añadir que, ya que las velocidades serán más uniformes (los camiones alcanzarán la velocidad máxima con más facilidad y los turismos estarán en igualdad de condiciones respecto a ellos), el tráfico irá más concentrado y un adelantamiento será mucho más largo y, por tanto, más complicado y peligroso. Pero como los conductores ejpañoles no tienen ni puta idea, seguirán tratando de hacerlos de todas formas.
- Cuando el límite de velocidad es absurdo, nadie lo respeta, salvo por limitaciones técnicas. En efecto, establecer un límite artificialmente bajo sólo consigue que haya más gente que lo considere inadecuado y lo ignore. En esos casos, sólo es posible hacer respetar el límite mediante medidas coercitivas. Pero entonces no estás educando al conductor, que estará deseando llegar a tramos sin vigilancia para pasarse el límite por el forro de las pelotas. Se puede apreciar en la M30. En los túneles, donde no es posible localizar los radares, el tráfico parece un capítulo de "The walking dead", docenas de zombies más pendientes del velocímetro que de los demás vehículos o de las (inadecuadamente señalizadas) salidas. Cuando salen a la luz, se desmadran, sin importar si es hora punta o las tres de la mañana.
Porque para lo de
En fín, nuestro rumbo es al desastre y la tripulación del barco tiene el mapa al revés. Esperemos que haya 2014...
Escuchando: I don't love you - My chemical romance